El sexo y el erotismo fueron desde un principio un tema predilecto de los fotógrafos.

Primero eran fotógrafos profesionales pero luego con la democracia de las tecnologías, las cámaras llegaron a todos.

Irresistibles imágenes, recuerdos de amantes y orgías se plasmaron anónimamente mucho antes de que se estableciera la categoría “Arte Erótico”, en la fotografía.

El Museo Eótico posee una colección de cientos de fotografías anónimas de todas las épocas, algunas de ellas  realizadas para la comercialización clandestina, y muchas otras, para la autosatisfacción del fotógrafo.
 




Notable es la colección de este fotógrafo, militar por su uniforme, que plasmó en miles  de fotos, enorme cantidad de mujeres de todas las características.

 

Al no tener ninguna referencia sobre su origen o historia, no sabemos si pagaba por estas fotos o era cómplice de las mujeres,

Aunque en algunos casos,
por las expresiones,
se puede suponer, el desacuerdo,
o la pose forzada de la modelo.


 

El “Militar”, sin ser un fotógrafo experto , en su espontaneidad, logra imágenes notables, de un crudo blanco y negro de alto contraste con faroles iluminando directamente, en un planteo más de interrogatorio policial, que de artista de la luz.

No obstante , en algunos casos, dentro de la rapidez de la toma, logra fuera de foco y matices,  seguramente no intencionados, que aportan cierto lirismo mitigando la brutalidad de las escenas.

La fotografía de aficionado, y sobre todo la de tema erótico, muestra en documento de época, y a la vez intensidades visuales a veces inhallables en la fotografía profesional.


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